Vacaciones sin subsidio
El índice de ocupación hotelera en los principales destinos turísticos nacionales en vacaciones de verano -principalmente en Mar del Plata-, fue el termómetro que impusieron los kirchneristas en los años en los que, cepo mediante y con una brecha del dólar oficial y el blue que llegaba al 100%, viajar al exterior era para los que realmente podían financiarlo, mientras que la masa crítica se agolpaba en la costa atlántica generando así, estadísticas para el relato. Los prestadores costeños felices, hasta que un día la gente entendió que el valor del choclo en nuestras playas era igual o más caro que en las de Brasil, que la ropa en Miami costaba menos de la mitad y con playas más grandes y limpias, y con noches llenas de propuestas gastronómicas y de entretenimiento , o que aprovechar las rebajas de las tiendas europeas y conocer los tesoros de la cuna de la historia y cultura americana, compensaba la diferencia del tipo de cambio.
El kirchnerismo y su política de subsidios abarcaba transporte público (buses, trenes, aviones), tarifas de servicios “congeladas” (luz, gas, agua), precios controlados (alimentos, bebidas, limpieza, bazar), medicamentos “gratis”, prepagas con acuerdos de aumentos, recursos para películas que no veía nadie, asistencia social a comedores inexistentes, y apoyos millonarios a movimientos sociales flojos de papeles. A todo eso, decidieron incluir un programa creado por los prestadores de turismo que el inútil del ex ministro Matias Lammens, le puso firma llamado “Pre Viaje”. De esta manera, no quedó actividad económica que no estuviera intervenida por el estado, con la consecuente ventaja para algunos privados, claro. Y como toda política de subsidio, paga el que no utiliza beneficiando al que si lo hace. Y aunque eso no estaba en el reclamo del vecino de La Matanza que se quedaba sin luz y agua en pleno enero, él también estaba pagando en sus compras del supermercado, los viajes de los que tomaban sol en la costa, o disfrutaban de los hermosos paisajes que se cruzan al transitar la Ruta 40.
Con el “Pre Viaje”, cada consumo que realizabas en un prestador local, te generaba un reintegro en una cuenta que se abría automáticamente en el Banco Nación (para involucrar así otro organismo del estado e incrementar la burocracia), y que usabas para tu próximo viaje. Esto incluía carga de combustible, las famosas medialunas de Chascomús, subir al cerro San Bernardo de Salta, o comprar los mejores sándwiches de milanesa en Tucumán. Pero como a todos los prestadores les servía estar asociados al sistema, unos jóvenes de altos recursos (esta historia la conozco de personas cercanas) que se habían ido a esquiar a Bariloche a una cabaña al pie del cerro (carísima), terminaron acumulando descuentos equivalentes a más de U$S 430 (al tipo de cambio de ese momento) que usaron en uno de los mejores restaurante de la ciudad: “El Patacón”. Hasta “El Patacón”, famoso por la concurrencia de celebridades y hasta presidentes extranjeros, estaba afiliado al “Pre viaje”, ya que lo que no le cobraba al pasajero que usaba el beneficio, se lo cobraba al estado. Y parece que algunos entendieron apenas a partir de octubre del 2023, que el Estado somos TODOS los contribuyentes, y que TODOS somos contribuyentes en algún eslabón de la cadena. La primaria: comprar alimentos.
El gobierno de Milei terminó con ese delirio (que era en sí una injusticia social por cierto) y deja que aplique el sistema de oferta y demanda que sostiene como política económica.
Hoy cada vacacionista decide donde viajar y los incentivos que lo llevan a esa elección, y quien pueda hacerlo (pueda y lo ponga como un objetivo a cumplir), lo pagará con sus propios recursos y no con el IVA de la polenta como en los tiempos K.
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