¡Juro por la vergüenza!

El miércoles pasado, 127 individuos solo tenían que decir “Si, juro” y pasar a integrar el selecto grupo de personas que ganan entre 3 o 10 veces más que el 90% de los demás argentinos. Un gran paso para ellos, un terrible salto al vacío para la Patria. Pero parece que así de injusta es la democracia que nos tiene atados a que estos personajes sean intocables en nuestras expresiones críticas, ya que sino “estamos atentando contra el sistema democrático”. ¿No es formidable? ¡Están ahí por nuestra obligación de elegir, y si criticamos sus actos, nos volvemos golpistas! Despierten a Maquiavelo que se está perdiendo un gran capitulo para “El Príncipe”.

Nada nos puede dar más vergüenza e indignación, que ver la jura de algunos energúmenos que apelan a esa condición de privilegio para decir en el lugar donde nos representan, lo que jamás deberían decir. Esos malditos 2 minutos de fama que hace que se viralicen en las redes y que generen aplausos en sus votantes, e insultos en sus adversarios. No recuerdo si este show lo empezó la izquierda que no puede más que gritar cuando hay una cámara prendida, o algún kuka que quizás devolvió el favor de estar donde jamás imaginó, con exceso de obsecuencia. La cuestión es que ahora tenemos que -sin saber por qué- soportar que las juras de los diputados (y algunos senadores) se vuelvan un manifiesto a la anti república, a los protocolos, a las buenas costumbres, y la representatividad. 

Sabemos que de los 257 diputados, habrá más de 2 tercios que jamás les escucharemos la voz, ni proyectos, ni intervenciones que enriquezcan, ni debates de nivel admirable. Sabemos que un alto porcentaje (no sabría realmente cuánto) están ahí solo porque fueron funcionales en el trabajo territorial, o aportaron económicamente, o son el resultado de una negociación política. Como esa editorial que hicimos y que se volvió viral: “La casta sin requisitos” (si no la vista, buscala en mis redes). Llegan sin ningún requisito académico, técnico, judicial (ficha limpia), y eso les quita cualquier condición de representantes, porque jamás podría representarme alguien que no reúne ni siquiera, mis propias condiciones. Ya no votamos a los capaces: votamos a los que están en la lista que queremos que le gane a los que no queremos ver jamás. Y entonces, sin querer queriendo, la cámara de diputados, esos que se suponen que son los representantes del pueblo (odiosa palabra “pueblo” a partir del mal uso y abuso) se vuelve el peor de los arrabales, y cada vez, con peores arrabaleros. 

En el juramento expresan su primera posición como representantes: Si es por Dios y la Patria, si es por la Patria, o si es por el salamín picado fino, el mate con o sin azúcar, el sexo de los ángeles, o la condenada sandía que no se puede comer después de tomar vino. 

Hay un “Reglamento de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación” que consta de 26 capítulos y 229 artículos. En el capítulo 2, articulo 10 detalla las 4 formas de juramento posibles, sujetas a  elección de cada juramentado: 

1. «¿Juráis  desempeñar  fielmente  el  cargo  de diputado y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional?» «Sí, juro.»

2. «¿Juráis por Dios, por la Patria y estos Santos Evangelios desempeñar fielmente el cargo de diputado y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional? «Sí, juro.» 

3. «¿Juráis por Dios y la Patria desempeñar fielmente el cargo de diputado y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional?» «Sí, juro.» 

4. «¿Juráis por la Patria desempeñar fielmente el cargo de diputado y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional?» «Sí, juro.» 

Cuatro posibles juramentos con una sola respuesta: “Si, juro”. Claro y concreto, y establecido en el reglamento de la Cámara. ¿Qué podría pasar si la autoridad que pronuncia el juramento cambia la pregunta  (establecida en el reglamento) e incorpora cuestiones como “para el bienestar de nuestro presidente electo por la mayoría de los argentinos”? Debería pasar lo mismo que si se acepta que la respuesta fuese cualquier cosa que lo establecido: anular el acto.

¿El incumplimiento de un reglamento es ilegal? En cualquier lugar del mundo sí, pero en Argentina todo es “depende”. ¿Quién sería el encargado de establecer esa ilegalidad? ¿El presidente de la Cámara que toma el juramento u otro poder como el judicial? En lo práctica, el poder judicial solo interviene en el legislativo en el análisis de constitucionalidad de alguna ley, pero jamás en temas internos. ¿Es entonces posible que algún fiscal -de oficio o no- pudiera intervenir en un acto de incumplimiento de reglamento? Tampoco, al menos que se detecte la posible ejecución de algún delito dentro del marco del código penal. ¿Y quien crea y promulga los códigos con los que la justicia se maneja? Exacto: estos mismos que nos hacen dudar si incumplieron normas o no.

Y ahí juraron los 4 impresentables de la izquierda por el terrorismo de Hamas y la dictadura de Maduro en Venezuela, los hijos de montoneros por el invento de los 30.000 desaparecidos, los que vivieron de nuestros impuestos en  todo el ciclo K por la inocencia de Cristina, algún perdido en el tiempo por la memoria de Perón y Evita, y varios traidores a la Patria, por esa Patria a la que volverán a traicionar. 

Sólo era “Si, juro” lo permitido. Que hacemos o mejor dicho, quién y qué se hará con todo lo demás, que volvió a alejar a los políticos con sus representados. 


Mariano Iglesias
Redes: @marianoig007

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