Cayó Maduro: que se levante Venezuela!
Cayó el dictador Maduro. No lo hizo por la voluntad popular que seguramente sobraba pero no tenía los medios como para enfrentar el régimen, ni por derrota en las urnas ya que las pudo manipular para ganar aun perdiendo, sino por la intervención de EEUU que le impuso una denuncia penal por narcotráfico, y Trump decidió ir a buscarlo y ponerlo ante la justicia. Y para ponerle más moños: “devolverle la libertad a los venezolanos, liberarlos del yugo de la dictadura y administrar una transición eficiente”.
Un operativo comando donde se ven explosiones, misiles, vuelos a baja altura, y ni una baja de parte de los atacantes, todo sin embarrarse ni una bota, y que nadie registre ni una gota de sangre derramada al defender al dictador que se suponía tenia a todo el ejército y las milicias cubanas cuidándolo, más las tropas del ejército popular dispuestos a dar la vida por su líder, y todo eso, sin una imagen de una víctima, es al menos, sospechoso. Creo que cuesta más entrar en un barrio privado para un allanamiento judicial que ingresar a Venezuela a llevarse a su dictador. Dejo por acá, la sospecha que todo había sido acordado previamente. Los dictadores del siglo XXI negocian sus rendiciones de manera muy particular: saben que foto les sirve al ganador, y cuánto vale eso en una negociación secreta. En cualquiera de los casos, ellos buscaran su salvoconducto: sus secuaces tendrán que arreglárselas para sobrevivir en el nuevo orden.
Así fue con los jerarcas soviéticos ante la caída del régimen: Mijaíl Gorbachov pasó a ser un héroe pero los colabores duros, tuvieron que buscar nuevos rumbos dedicándose a participar de la nueva mafia rusa. Detrás de la caída de cualquier dictador, sus seguidores se vuelven mano de obra desocupada que buscará seguir haciendo lo único que sabe: delinquir.
Confieso que la emoción me sorprendió al ver la primera imagen de los ataques: más allá del dictador, pensé: al fin podremos liberar del secuestro a nuestro compatriota Nahuel Gallo, detenido desde el 8 de diciembre del 2024 por el dictador Maduro. Así comencé a postear en las redes: mi pensamiento se concentraba en Nahuel. Después pensé en los millones de venezolanos que tuvieron que exiliarse para vivir en libertad y trabajar para lograr comer y tener una vida digna. Y vaya que nos enseñaron que son trabajadores, honestos y que respetan las costumbres de donde van. Se merecen el respeto que otras comunidades de inmigrantes de nuestro país no. Después me motivó los venezolanos que están allá y no son cómplices ni aplaudidores del régimen: son héroes silenciosos que prefieren soportar la miseria a someterse al colaboracionismo que quizás les permitiría tener algo más. Todo eso, se me cruzó con los millones de dólares de los negociados entre los Kirchner y Chávez primero y Maduro después. Y la cantidad de cómplices que pasan calladitos por debajo, pero que van desde Taiana como canciller, hasta Alicia Castro (la ex azafata de Aerolíneas) como embajadora en Venezuela, a De Vido y sus secuaces para ingresar la plata negra para la campaña de Cristina en el 2007 y 2011. Cuando llegué a este punto, justificar que una potencia extranjera interviniera en una dictadura criminal y asesina, ya me parecía un acto menor. Y no debe serlo, pero una vez más, la izquierda tensó tanto la cuerda, que la “derecha intervencionista” aparece como una solución más que como un abuso. Es obvio que el gobierno de Trump actuó para beneficio de su país, de sus intereses, y se llevará petróleo más barato de lo que estaba pagando hasta la fecha. Bendito sea el petróleo que generó la intervención y así, abrir la puerta para una nueva Venezuela libre de la doctrina cubana, y corrida del narcotráfico como eje de gobierno. Hay otras dictaduras en el mundo que al no tener un valor estratégico no logran que las superpotencias decidan actuar, y la población sufre por años, hambre, miseria y muerte. ¿Quien actuó en todo esto en defensa de la población venezolana? La respuesta es nadie, y ojala los venezolanos entiendan eso y sienta el valor para tomar las riendas de su rumbo porque nadie les regalará nada. Y que Dios ilumine a los que por convicción equivocada, defendieron al régimen pensando que era lo correcto. No es malo entender que fueron engañados. Lo malo es aferrarse al engaño.
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