Dilema de lealtades

En un verano que podría haber sido repleto de coberturas sobre el precios del choclo en la playa, o si la gente concurre  o no a las 500 mil obras de teatro que se dan en los centros turísticos veraniegos, a Donald Trump se le ocurre ejecutar su plan en Venezuela, y los medios y las redes no hacen más que inducirnos a que tomemos partido entre el pedido de liberación de los venezolanos, o el cumplimiento de no intervención en naciones extranjeras de la ONU. Como yo no tengo conflicto con ese tema – ya habrán visto mi editorial anterior sobre esta cuestión- me aferro a que no hay libertad, ni DDHH, ni respeto constitucional cuando 8 millones de ciudadanos venezolanos tuvieron que exiliarse. ¿Tenemos cifras de cuantos cubanos escaparon de la dictadura en los 67 años en que fueron sometidos al yugo comunista? Quizás medio Miami, y otros siempre a  países capitalistas, obvio. Cuando un pueblo escapa, no es señal de desarrollo y prospección, sino de miseria y encierro. Como lo fue la Unión Soviética, la Republica Democrática Alemana, Corea del Norte, y cada país donde el dilema de occidente libre o comunismo represor, se haya vuelto un debate. 

En Latinoamérica los "vencidos" del Plan Cóndor cuya base fue “América sin comunismo”, lograron tomar el poder no por su ideología, sino por sus relatos de igualdad y mejoras para todos, control y manipulación de políticas públicas, y desarticulación de toda identidad occidental, e implantando discursos de odio y formando un batallón de beneficiados económicamente, dispuestos levantar banderas a cambio de contraprestaciones. El manual del control de masas de Fidel Castro, con el agregado del sostenimiento económico del narcotráfico. 

La caída de Maduro en Venezuela, cuya absoluta verdad sobre el movimiento tan de ficción cinematográfica al estilo Hollywood se sabrá en algunos años, deja entrever una trama de entregadores, negociadores, lobistas y, liberado el componente ideológico, un supuesto acuerdo de “tú a tú” con Estados Unidos, al que nunca le viene mal demostrar que es el sheriff de la comarca, por si a algunos se les olvida.

Maduro si algo no tuvo es inteligencia. Podrá haber sido el pillo de su cuadra siempre que tuviera dinero para comprar adhesiones (típico de la izquierda), pero ser el “bad boy of the block”… jamás de los jamases. Disfrutó de las mieles del poder corrupto, pero es hoy el único que enfrenta a la única justicia que puede tratarlo como a cualquier ciudadano. ¿Hubo entregadores? Está claro que sí: la historia nos muestra que las caídas de los intocables solo son  posibles con personajes dentro de la estructura. Dijera el padre del legendario Julio Cesar (el de Cleopatra), Cayo Julio Cesar: “ La traición rara vez viene del enemigo”. Y no lo llegó a ver, pero a su hijo, lo mataron sus ex compañeros del senado y no las tropas de sus adversarios. 

A principio del siglo XVI, Hernán Cortés llega desde Cuba a las costas de México, con 11 barcos y menos de 700 hombres. Demoró unos años para lograr llegar a Tenochtitlán -capital del imperio azteca controlada por la tiranía de Moctezuma- pero junto al ejército de Tlaxcaltecos y otras tribus que eran sometidas por el tirano, más la colaboración de una mujer, conocida como La Malinche, quien fuera la intermediadora entre Cortés y los indígenas -además de darle un hijo al español- lograron dominar al imperio, eliminar a su dictador, terminar con los sacrificios humanos y el sistema de castas, evangelizar en la doctrina católica, declarar a los indígenas integrantes del reino de España, y el resto… es el México que hoy conocemos y que presume la presidente Sheinbaum de ser “del bienestar” aunque su maestro y antecesor López Obrador, haya preferido construir músculo político diciendo que España fue un exterminador de los pueblos nativos y que tenía que pedir disculpas a los mexicanos (¡sí, dijo eso hace apenas unos años!). 

En la segunda guerra mundial, la diferencias y prejuicios entre europeos (que los tiene como nosotros con nuestros países sudamericanos), se terminó ante la máxima de lograr que culmine la guerra, y los pueblos sometidos volvieran a la paz y la libertad. Al lograrlo, se abrazaron franceses y británicos, polacos y rusos, italianos y norteamericanos. Abrazos, besos, bienvenidas y agradecimiento a quien liberara del yugo del dictador. Después habría tiempo de reacomodar las diferencias.

Los que están en situaciones realmente críticas, peligrosas, extremas,  no tienen DILEMA DE LEALTADES y distinguen rápidamente qué y a quién apoyar para salir de la oscura miseria a la que fueron sometidos. Los venezolanos -los de afuera y los de adentro- son los que hoy no dudan de que lado estar, y aun sabiendo que se enfrentaran con los cómplices y beneficiarios del régimen y sus discursos de “antiimperialismo” , para eso… para eso habrá tiempo de reacomodar las diferencias. Pero urge que al fin, el dictador y sus secuaces se vayan y así liberar al pueblo para que elija transparentemente su destino. 

Frustrante seria que “el libertador” termine acordando el resguardo de sus intereses con los mismos con los que se tenía que enfrentar para liberar a los ciudadanos. Aunque  la esperanza está en “La Malinche”, que traicionando una vez, deja ver que lo podrá hacer para siempre.  



Mariano Iglesias
@marianoig007

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