Dos primeros años del gobierno de Milei
A pesar del club del helicóptero, del “come pochoclo” de playa de Albistur, de los lechones colgados a la teta del kirchnerismo, de los zurdos que conciben su existencia solo generando conflicto contra la razón y el progreso, con todo el Congreso en contra, sin gobernadores ni intendentes de su partido, sin empresarios totalmente comprometidos con la causa, sin estructura política más allá de sus pocos amigos y sus mínimos allegados, el primer gobierno libertario encarnado por Javier Milei, cumple dos años y goza de mucha mejor salud que cuando empezó.
No podría seguir esta editorial sin mencionar los tres principales factores que hicieron esto posible, sin saber el orden de importancia, pero totalmente necesarios para lograr este objetivo: el apoyo incondicional del PRO durante el primer año y medio, la gestión económica sin someterse a la presión política por parte de Milei, y el hartazgo total de una generación que ya no le importa que sus padres le digan que “Perón, Evita, Néstor o Cristina” fueron geniales, cuando viven en techos de chapa, se inundan con las primeras lluvias, no consiguen trabajo por su código postal y falta de educación, y aprendieron a rezar no por amor a Dios sino para calmar la angustia de volver vivos a sus casas cada vez que salen por culpa de la inseguridad.
Dice el refrán: "Se puede engañar a algunos todo el tiempo, y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo". El peronismo y sus mutaciones llevaron durante casi 80 años el engaño del bienestar popular y la justicia social a que hubiera más pobres y más injusticia, volviéndose solo ellos los reyes de la comarca, repletos de riqueza y privilegios mal habidos, a costa de la narrativa del “solo el pobre ama a los pobres” o "nunca olvides que lo único que un rico siempre te va a dar es mas pobreza". Semilla de la división de clases creada por una desclasada como Eva Perón. Ese tiempo terminó y justo le tocó a Milei vivirlo sin que fuera posible por ese otro que se llamó Macri, y que terminó el mandato. Hasta él, ningún otro presidente no peronista lo había logrado. Lo dije varias veces y lo repito: algún día le daremos la verdadera dimensión de lo que eso significa. Aunque quizás ese sea el mayor de sus logros. Hoy estamos aquí: con un gran paso para la República que merece no solo alternancia política, sino también, reseteo de malos hábitos del siglo pasado.
Los más analíticos, reconocerán que estamos haciendo un gran “borrar y volver a escribir” la historia, que nos llevó de ser un gran país a partir de la generación del 80, y que los populismos del siglo XX nos hicieran retroceder a foja cero. Y también que hubo y hay un apoyo geopolítico, ya que el gobierno definió muy bien de qué lado del mundo quiere estar parado, y eso Estados Unidos lo sabe reconocer. Milei en campaña, cuando le preguntaban sobre geopolítica pensando que haría agua respondía: “del lado de EEUU, Israel y el mundo libre”. Ser coherente tiene su mérito.
También se cumplen dos años del primer gobierno libertario porque gran parte del costo de todo el ajuste que se realizó para reencaminar el país, lo realizó la clase media: esa que da trabajo, que paga impuestos, que construye, invierte, sueña y aspira. Esa que pagando servicios básicos esenciales a empresas privadas, descomprime la demanda de los servicios que brinda el estado. O sea, paga dos veces. Esa bendita clase media que genera economía directa, producción y derrama. La que consume en masa cultura, arte, espectáculos, gastronomía, tecnología, contrata trabajadores de oficio para arreglar o mejorar sus casas, autos, u oficinas. La clase media que tanto le ha molestado a todos los gobiernos populistas, hemos dado muestras de supervivencia aportando tradición, valores, historia, principios, trabajo, compromiso y devoción a las grandes aspiraciones de la Patria. Nunca seremos esclavos de un líder ni de un partido: somos leales a ideales superadores. A esa clase media, el actual gobierno le debe gran parte de su sustentabilidad: en la urnas y en el humor social que la realidad pone en jaque cada día y resiste, ajustándose el cinturón. Porque cuando la baja de impuestos, retenciones o aranceles no se ven reflejados en lo cotidiano, la macro economía puede sentirse aliviada, pero la solución a la micro es la que determina los resultados de las votaciones. A esa clase media, hay que darle respuesta, mejoras y señales claras de que no es la gran castigada ni la que tiene que soportar todo el peso de la historia. Que dos años no alcanzan para ordenar el zafarrancho está claro, pero no es solo la clase media la que reclama algo: peor están los jubilados y ellos no pueden esperar. Y la suma de insatisfacciones da espacio a la duda, germen de cultivo del virus peronista. Esa clase media ya no es silenciosa y a través de las redes o de actos, expresa su anhelo de superar el pasado de desmadre. Si hoy Milei lleva a nuestro país en ese sentido, festejaremos estos primeros dos años de gobierno renovando el compromiso de lo colectivo, del sacrificio diario como parte de un camino que nos garantice lograr la gloria y el bienestar que hemos tenido, y que nos merecemos volver a tener.
Mariano Iglesias
Redes: @marianoig007
Excelente ! Por 2 años más en este mismo camino!!!
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