El Juicio Final de los Kirchner

Comenzó el segundo juicio contra Cristina Fernández. Y lo vive desde la prisión domiciliaria por la  condena en firme del primero, y siguen su curso los demás procesos que la tienen imputada. Nunca sabremos si Cristina tiene el titulo o no de abogada, pero queda claro que con tantos letrados en su defensa, terminará aprendiendo al menos, algunos artículos del código penal. 

Mientras su cada vez más diluida militancia reclama su libertad ya que la promueven como a una “perseguida política”, la justicia con la lentitud que la caracteriza, termina articulando todos los elementos a su alcance, y en todas las instancias posibles, y con todas las garantías con las que cuenta la acusada, para llegar a fallos que justamente, no tengan ni una mancha de política. Y muchos de los jueces que dictan sentencia, fueron nombrados por los mismos Kirchner, que en sus 12 años ininterrumpidos de gobierno -récord en la historia presidencial- se encargaron de nombrar a casi todos los jueces de la Suprema Corte en sus periodos, y 451 jueces de los 743 cargos disponibles al terminar el segundo mandato de Cristina. Más de la mitad del poder judicial llegó a tener la firma de los Kirchner en su nombramiento.  No dejaron instancia judicial sin copar, y lo más grosero fue “la revolución en la Corte” que había empezado en la época de Duhalde, iniciándole juicio político a los jueces de la  Suprema Corte menemista (que obligó a varios a renunciar) y apenas asumido Kirchner en 2003, comenzaron los nombramientos, en cuya lista estuvo Lorenzetti, Maqueda, Argibay, Zaffaroni, y luego Highton de Nolasco, y cuando se fueron jubilando los pocos que quedaban del pasado, decidió bajar el número de miembros de 9 a 5  y dar por integrada una corte que le avaló hasta la revocación de las leyes de “Punto Final” y “Obediencia de Vida” y establecer las penas de “lesa humanidad” y reabrir causas contra miembros de las FFAA y FFSS activos en la época de la dictadura. Una de las peores aberraciones jurídicas (y políticas, claro), que además con los pseudo organismo de DDHH y la “banda de los estafadores del relato de desaparecidos”, instrumentaron un verdadero delirio de denuncias y juicios contra personas que no solo no tuvieron su debido proceso, sino que no se les permitió ninguna garantía de ley, como el arresto domiciliario luego de los 70 años, o no estar en prisión efectiva sin sentencia firme, el traslado a centros de atención por cuestiones de salud (la mayoría tiene más de 80 años), etc.  La “venganza de los vencidos” es la ley  25.779 y negocio para los Kirchner, y llegó a tener a los miembros de la Corte Suprema justificando su ejecución aún ahora, como el caso de Lorenzetti quien en septiembre de este año en una disertación dada en Resistencia, Chaco, dijo “los juicios de lesa humanidad fueron un reclamo de las calles que los jueces supimos escuchar”. 

Sin embargo, es la misma Suprema Corte y son los mismos jueces federales que cuando la tienen que juzgar a Cristina Fernández, son “miembros del partido judicial”, “mascotas de Macri”, “empleados del grupo Clarín”, etc. Todo esto dicho por los cómplices de los Kirchner: políticos, militantes con curros en el gobierno, medios de comunicación K, y jueces o fiscales que se habían agrupado en una indignante asociación llamada “Justicia Legitima”, que responden dogmáticamente al kirchnerismo.  Parte del delirio dictatorial de los Kirchner, cuando Cristina lanzó  el “vamos por todo”, era el plan de “democratizar la justicia”: la estocada final para el control del único poder que les faltaba. 

Tuvieron que pasar 10 años, 3 gobiernos (uno propio que sirvió para embarrar las causas todo lo posible) para que se le terminaran todas las maniobras de evasión y llegará la sentencia a última  y definitiva instancia. Aunque todavía no se les pudo cobrar algo de todo lo que se robaron, harán lo posible para que las confiscaciones judiciales se demoren también otra eternidad. 

Empezó el segundo juicio oral  llamado “Causa Cuadernos” donde el acto de corrupción tiene identificado a los actores (coimeado y coimeador), lugares, forma de pago, y testigos arrepentidos que confiesan cuanto y de qué manera. Si los tiempos del juicio no se aceleran, para el fallo de primera instancia podrían pasar hasta 3 años, y ahí el largo procesos de apelaciones que dilatan las condenas finales. 

Cristina Fernández y varios de sus cómplices, como Oscar Parrilli y Juan Martín Mena, Carlos Zannini, el actual ministro bonaerense Andrés “el cuervo” Larroque, el dirigente social Luis D´Elia, el dirigente de la comunidad islámica Jorge Alejandro “Yussuf” Khalil y el exlíder de Quebracho Fernando Esteche, están  imputados en el caso “Memorándum con Irán”, cuya investigación le costó la vida al fiscal Nisman quien fuera el que denunciara la maniobra que el gobierno pretendía llevar adelante para tapar a los responsables iraníes. Al fiscal lo mataron en su departamento el día anterior a que se presentara en una audiencia en el Congreso para exponer su investigación. Nisman fue la víctima “86” del atentado a la AMIA, que a 31 años sigue sin condena para los responsables. Quisiera olvidarme, pero no puedo: el gobierno de Cristina Fernández llevó al congreso la propuesta “Memorandum de Entendimiento” y con la mayoría de las cámaras, logró que el 27 de febrero de 2013, en sesiones extraordinarias, se volviera ley (26.843). Quizás en la causa, se debería incluir a todos los diputados y senadores que la votaron. 

Hay más denuncias que llegarán a juicio donde Cristina Fernández, sus hijos y sus cómplices, deberán enfrentar más temprano que tarde los tribunales. Y cada sentencia es una declaración que robarle al estado es robarle a todos los ciudadanos, principalmente a los que menos tienen. Tal vez la  condena social sea la que más rápido les llegue a  los Kirchner, y la única que haga entender al partido justicialista -que se dejó usar para alcanzar el poder- que el ciclo está terminado. Quizás el Juicio Final de los Kirchner  lo realice el propio partido,  condenándolos porque ya no les sirven.  


Mariano Iglesias

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