La paz no es negocio

Si se cumple el acuerdo, la paz regresa a Medio Oriente. Pensé que la noticia nos pondría felices a todos y leyendo en las redes las repercusiones, creo que no es tan así. 

Obviamente israelíes y gazatíes  están festejando porque ellos más que nadie, saben el dolor de las pérdidas y el horror de una guerra. Ninguno de los 2 pueblos la quiso: fue el terrorismo por un lado y un gobierno dispuesto a defender a su gente por otro. Y no solo estando ahí, sino incluso los que estamos lejos, sentimos amarga el alma ante los secuestros, los ataques y los seres humanos que perdían la vida. 

Y lo que reclamaba la paz era que se devolviera a los rehenes secuestrados por el terrorismo de Hamas, como también que estos dejaran libre a los gazatíes para elegir su destino. La vida de miles de personas terminan pagando la locura terrorista, como pasó en nuestro país cuando los movimientos subversivos de los 70’s quisieron tomar el poder para volvernos otra cuba castrista. En todos los casos, el terrorismo intenta  someter a la población a un sistema que nunca aceptaría por voluntad propia. 

¿Y por qué entonces no están todos contentos con la paz? Porque la paz no es negocio para quienes son capaces de lucrar con el sufrimiento ajeno aunque en el discurso, ofrecen solidaridad y reclaman justicia. Podemos pecar de inocentes porque algunos hay, pero los armadores de las marchas que se registraron en el mundo y las supuestas organizaciones y movimientos sociales que participaron, no lo hacen gratis: uno de sus ingresos es ese, o incluso viven exclusivamente de eso. Pueden defender al pueblo gazatí o al veganismo con la misma pasión ya que todo mueve una derrama económica tremenda: movilización, costos cartelería, banderas, souvenirs, logística, pagos a medios de comunicación, a políticos, a publicistas y relacionistas públicos,  contratación de “voluntarios”, y un montón de etcéteras más. Y la pregunta entonces es: ¿Quién financia todo esto? Solo financia, quien gana algo. 

Si te pones a pesar, con la paz toda esta gente pierde su sentido y su ingreso. Como los señores de la guerra que dejan de vender su armamento. O los medios de comunicación que logran  más audiencia y más facturación con una guerra, y eso se comprobó desde que en 1991, CNN nos mostró en vivo la Guerra del Golfo. En la guerra se venden más medicamentos e insumos sanitarios, y otra vez los laboratorios facturan con una debacle social. Y en la supuesta “ayuda humanitaria” los contratos de provisión se los quedan unos pocos. Para finalmente, después de la destrucción, está el negocio de la reconstrucción. A veces, realizada por los mismos que iniciaron todo. 

¿Y hay más? Si, sabemos que hay muchos más. Ahí, en las sombras, como casi todo el poder en este mundo. 

Ya ves: no todos están felices con la paz.


Mariano Iglesias


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